México Distrito Federal a 6
de febrero de 2016
Shibboleth: La memoria de
la pertenencia y de la exclusión.
Introducción
Acercarnos a un
ejercicio crítico sobre las diversas manifestaciones artísticas no es una tarea
fácil. Cada intento por conectarnos con las manifestaciones inherentes al campo
del arte y de los procesos culturales nos van a generar una multiplicidad de
preguntas. Quizá una de las preguntas que nos van a resultar primordiales será reflexionar
sobre el papel que vamos a jugar al emitir un juicio o una crítica. Podemos
abrumarnos al percatarnos que nos encontramos ante un entramado que se aprieta
progresivamente al realizar cada uno de los esfuerzos por adentrarnos ante el
fenómeno generado con cada una de las creaciones artísticas. Para facilitarnos
la tarea, nos resulta necesario establecer un método para analizar y comprender[1] el
fenómeno. Pero antes de establecer el método para abordar de manera crítica un
dispositivo[2] de arte voy a establecer dos
preguntas que definirán el rumbo de nuestro ejercicio de crítica: 1). ¿Vamos a
servir como un puente de comprensión entre el dispositivo artístico, la persona
que lo crea, el público que la recibe y nosotras, mediante una crítica que
contribuya a generar más preguntas que respuestas? 2). ¿Simplemente emitiremos
una opinión complaciente sobre el dispositivo artístico para dar una serie de
respuestas que expliquen el fenómeno y cerrar la obra? Responder ambas
preguntas nos va a requerir adentrarnos en una tarea minuciosa de autoanálisis
sobre el papel que jugamos ante las otras personas que buscan una comprensión
sobre los dispositivos artísticos. En este momento me inclino hacia reflexionar
sobre la primera e intentar fungir como un puente de comprensión y detonar una
serie de preguntas sobre el dispositivo artístico Shibboleth de Doris Saucedo .
Impronta: Palabra de la pertenencia.
El primer método
que voy a establecer para acercarme al dispositivo artístico Shibboleth es el hermenéutico por
encontrar un guiño que genera sospecha al leer y nombrar el titulo del mismo. Shibboleth “se
refiere a cualquier uso de la lengua indicativo del origen social o regional de
una persona. De forma más amplia, puede señalar cualquier práctica que
identifique a los miembros de un grupo, una suerte de santo y seña.”[3] Es decir que nos encontramos ante un
dispositivo que desde su nombre, nos establece una pertenencia o una
exclusión sobre aquello que nos señala. Asunto que nos puede
hacer sospechar e imaginar el ¿Por qué la pieza se llama así? ¿Hacia donde nos
lleva el concepto, la palabra, la impronta dejada para pertenecer a ella si
logramos entender la intención dejada por Doris Salcedo? Aquí nos encontramos
ante una marcada separación entre las personas que pueden intuir si existe algo
que nos están diciendo de una manera velada y entre aquellas que no tienen esa
intuición y; luego nos enfrentamos ante una grieta[4] ante
una separación de dos materias cuya abstracción nos somete a la inquietante
reflexión sobre lo que leemos y observamos. Son 147 metros que nos transportan
por un camino de incertidumbre y de sospecha o por Shibboleth[5] como
una analogía de la palabra, del concepto y de la grieta que se encuentra en el
piso del espacio museal.
Ahora
nos toca hablar un poco de la parte material del dispositivo artístico,
mencionar las características que le dan una forma y nos brindan la seguridad
de que posee una parte tangible. Ahora, podemos observar la manera en que
nuestros esfuerzos para acercarnos al objeto de estudio nos van a provocar un
encontronazo con el dispositivo y la persona que lo ha creado y por ende, nos
concierne ejercitarnos sobre nuestra toma de postura y en la manera de enlazar
aquello que Doris Salcedo nos manifiesta con el dispositivo Shibboleth. Las controversias se
multiplican al intentar dar una concepción del arte y de la función –si la
tienen- de los recintos que albergan las manifestaciones artísticas. Es momento
de entrecruzar la parte técnica y conceptual de aquello a manera de dispositivo
comunicativo expresa desde el juego insospechado propuesto por la
creadora-artista y que se dirige hacia una serie de espectadores.
El
juego de Doris Salcedo se plantea desde la ruptura, desde una escisión entre el
soporte de la propia estructura del inmueble –mismo, que desde su creación,
como museo, ha recibido una modificación, una intervención para transformarse
de ser una central de energía a un museo- hacia la parte intangible como lo es
la ruptura de los valores de la obra de arte –en términos monetarios- ya que su
pieza, en si, no es vendible al tratarse de una grieta realizada en el espacio
del museo y que finalmente fue reparada. Es un juego de rupturas polivalentes[6] y que
nos hace reflexionar sobre la separación entre los aspectos de modernidad, de
la economía generada por la comercialización de los dispositivos de arte y
quizá por la separación en la comunicación y comprensión del mensaje de aquello
que hemos nombrado arte, obra de arte, pieza artística o cualquier otro mote
que le dejemos impreso al resultado del ejercicio imaginativo.
Cicatrización
Nuestro cuerpo
sana de sus heridas, pero nos queda la permanencia del suceso que provocó la
herida, el desgarramiento de nuestra epidermis, de nuestra protección ante el
entorno que nos rodea y que nos deja pensando sobre nuestra propia fragilidad,
así, después de casi ocho años de que Doris Salcedo intervino el Museo Tate de
Londres, la herida se encuentra como un rastro de la memoria permanente en un
lugar que quizá –y sin ser ingenuas como personas- contribuye a exhibir
discursos acomodados y lejos de la acción reflexiva que nos aportan las
expresiones artísticas.
Shibboleth es parte de la memoria de la pertenencia
y de la exclusión, ya que los lindes que se van marcando con el tiempo nos
hacen reflexionar sobre las distintas condiciones de posibilidad que pueden
existir para relacionarnos con el dispositivo presentado a manera de juego, de
un juego polivalente de reflexiones y de preguntas inquietantes para intentar
comprender desde nuestro ejercicio de la razón y del corazón.
Shibboleth
es una obra que genera
muchas tensiones desde el origen de su propia ruptura conceptual -al nombrarse
desde un concepto ajeno- al haber existido y, al ser permanente como rastro de
un mensaje que puede ser claro o espera ser decodificado desde la subjetividad
de cada persona. Es una ruptura que provoca inestabilidad en los espacios
acomodados y en los paradigmas impuestos, es una reflexión constante.
[1] Nos referiremos a la
comprensión como el acto donde opera la razón –el aspecto Apolíneo- y el corazón
–el aspecto Dionisiaco- ya que las representaciones artísticas operan bajo
ambos aspectos y si ignoramos uno de ellos no tendremos un acercamiento
estrecho ante el fenómeno que se detona.
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Shibboleth
(Consultada el 6 de febrero de 2016).
[5] Entendida desde el
Hebreo como una espiga de trigo que se ramifica.
[6] Que posee varios
valores.

